Dónde comer en el Camino Portugués: guía gastronómica
Descubre los mejores restaurantes y paradas gastronómicas del Camino Portugués desde Tui.
2/25/20264 min read


Comer en el Camino Portugués es, para muchos, una motivación tan potente como la propia llegada al Obradoiro. A diferencia de otras rutas, el trazado que atraviesa las Rías Baixas permite disfrutar de una de las despensas más privilegiadas de Europa: la del mar de Galicia y la de sus valles fluviales. En este recorrido desde Tui, la gastronomía no se limita al menú del peregrino; es una sucesión de paradas estratégicas donde el producto de proximidad, el vino Albariño y la cocina con identidad femenina definen cada jornada.
Tui y los sabores de la frontera
Antes de empezar a caminar, Tui ofrece una inmersión en la repostería monacal y la cocina fluvial. Las monjas Clarisas, en su convento del casco histórico, elaboran los famosos peces de almendra, un dulce artesano que sigue una receta centenaria. Es el tentempié ideal para llevar en la mochila.
Si la peregrinación coincide con los meses de primavera, en la zona es casi obligado probar la lamprea del Miño. Es un plato para paladares con criterio, cocinado habitualmente en su propia sangre o en empanada, y que goza de un prestigio inmenso en esta frontera luso-gala. Para una cena tranquila, los restaurantes situados en las callejuelas cercanas a la Catedral sirven carnes de ternera gallega que aseguran la carga de proteínas necesaria para el estreno del camino.
O Porriño: Mucho más que pan
O Porriño es sinónimo de su pan. El Pan de O Porriño cuenta con un sello de calidad que lo hace único: una corteza gruesa y una miga muy alveolada y elástica. En cualquier panadería del centro puedes comprar una pieza pequeña; aguanta perfectamente todo el día y es el acompañante perfecto para un poco de queso de tetilla.
Para el almuerzo, esta localidad ofrece casas de comidas tradicionales donde el pulpo á feira y la oreja de cerdo son los protagonistas. Al ser un punto de parada muy habitual, los restaurantes aquí han sabido profesionalizarse, ofreciendo raciones generosas de cocina casera que reconfortan tras los primeros 16 kilómetros de ruta.
Arcade y el rito de las ostras
Al llegar a la etapa de Redondela, existe un punto geográfico ineludible: Arcade. Es la capital gallega de la ostra. Sentarse en una de las terrazas con vistas al puente de Ponte Sampaio y pedir una docena de ostras frescas con un chorro de limón es uno de esos lujos accesibles que definen el Camino Portugués.
En esta misma zona, los pescados de la ría —como el rodaballo o la merluza de pincho— se preparan "a la gallega", con una ajada de aceite de oliva y pimentón que resalta la frescura del producto. Es el lugar perfecto para un maridaje con vinos de la D.O. Rías Baixas, especialmente los albariños de bodegas locales que aportan ese toque salino tan característico de la costa pontevedresa.
Pontevedra: El paraíso del picoteo en las plazas
Pontevedra invita a un estilo de cena más informal pero de altísima calidad: el tapeo por su casco antiguo. La Plaza de la Leña y la Plaza de la Verdura son los epicentros de la vida social. Aquí, las mujeres han liderado durante décadas la cocina de los "furaibolas" y tabernas, evolucionando hacia una gastronomía de autor que respeta el producto.
Desde una tabla de quesos gallegos (San Simón, Cebreiro, Arzúa) hasta platos más elaborados como zamburiñas al horno o navajas a la plancha. Pontevedra es, probablemente, la ciudad donde mejor se come de todo el recorrido, con una oferta que permite desde un picoteo rápido hasta una cena reposada en restaurantes incluidos en guías de prestigio.
Caldas de Reis y Padrón: Aguas y huerta
En Caldas, el río Umia no solo regala aguas termales, sino también excelentes truchas. Muchos restaurantes locales las preparan fritas con jamón, un plato sencillo y sabroso.
Al cruzar a la provincia de A Coruña y entrar en Padrón, el protagonismo pasa a la huerta. Los pimientos de Padrón (o de Herbón) son el emblema. Se sirven fritos, con sal gorda, y son el acompañamiento ideal para cualquier carne o simplemente como ración compartida en pareja. Padrón también es tierra de empanadas de maíz, más contundentes y con rellenos de berberechos o xoubas (sardinillas), que ofrecen un sabor mucho más rústico y auténtico.
Santiago de Compostela: El banquete final
La meta no es solo la Catedral, sino el Mercado de Abastos. Para el viajero que busca la máxima calidad, visitar el mercado a media mañana es una experiencia sensorial. Allí mismo se pueden comprar productos frescos (marisco, percebes, quesos) y pedir que los cocinen en los locales anexos.
Para la última cena de celebración, la Rúa de San Pedro o la Rúa do Franco ofrecen opciones para todos los gustos. Desde el clásico pulpo en el entorno del Obradoiro hasta restaurantes de cocina contemporánea gallega que reinterpretan los platos de toda la vida. No se puede abandonar Santiago sin probar un trozo de Tarta de Santiago, el dulce de almendra que pone el punto final perfecto a una experiencia gastronómica de más de cien kilómetros. O haz click aquí si quieres conocer los mejores bares de tapas de Santiago
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